Mucho tiempo llevaba sin hacer una buena ruta de montaña. El fenómeno en el que se esta convirtiendo los 10.ooo del Soplao me hizo cambiar el estilo de rutas para hacer más kilómetros en menos tiempo y acabas haciendo pista por narices y según se acerca el día tienes que cuidarte de no tener una caida y estropear todos los kilómetros que has hecho para poder acabar la prueba. Pero esta semana me llamó Pacorro para avisarme que iban a cruzar "la frontera" de Obios en una pequeña travesia de Pesquera a Corrales.
El domingo, después de v
er los encierros de San Fermín salí para Torrelavega, para coger el tren a Pesquera, con el tiempo un poco justo por lo que tuve que ir apretando un poco. Ya en la estación de renfe me junte con Oscar y luego en la estación de Corrales se subieron los demás, Paco, Marce, Yayón, Dani y Angel.
Tras una hora de tren ya estabamos en Pesquera dando pedales dirección a Rioseco y con el Sol calentando tímidamente nuestras espaldas. En Rioseco paramos a coger agua en la fuente del pueblo antes de empezar la subida a Prao Pagüenzo. En las primeras rampas ya nos dimos cuenta que lo de ver el Sol en la parte alta iba a estar díficil y según ibamos subiendo la niebla se iba cerrando más hasta el punto de no ver nada fuera de la pista y de dejar de vernos entre nosotros en cuanto nos alejabamos unos metros. Con calma a un ritmo tranquilo fuimos subiendo entre la niebla hasta llegar a prao Pagüenzo donde reagrupamos, comimos un poco y nos preparamos para empezar la incursión hacía Obios.
Buscando entre la niebla llegamos a una vieja pista que baja hasta Bárcena Mayor, la seguimos unos pocos metros y al entrar al bosque nos desviamos en busca de alguna marca que nos indicara por donde iba el sendero. Entre árboles y niebla, como si de una novela de fantasía se tratara y en cualquier momento nos pudieramos cruzar con unos hobbits en el bosque de Fangorn. Fuimos avanzando por las escarpadas laderas, algunos pasos nos obligaban a desmontar de las bicis para subir escalones de piedra y pasos con raices resbaladizas por la húmedad. Conseguimos llegar a Obios sin poder admirar las vistas que tiene la ruta y casi sin vernos entre nosotros. Aquí Dani se bajo por Pujayo porque tenía algo de prisa y los demás nos quedamos en la caseta a comer el bocadillo.
Con los estomagos llenos volvimos sobre las bicis para bajar a los Llares. De Obios salimos por la pista antigüa, con algún susto por las vacas que aparecian en medio del camino entre la niebla. En la pista de Pujayo, antes de la primera curva de las zetas nos desviamos a la izquierda por la braña siguiendo las rodadas y orientandonos a ojo entre la niebla, que parecía aún más cerrada que antes, para enlazar con la bajada de Navajos. Según fuimos bajando la niebla se fue abriendo y nos permitió disfrutar de una bajada con zonas técnicas de roca y piedra suelta. A media bajada Yayón tuvo la idea de buscar una senda de bajada hasta el rio de los Llares. En la braña de Fuentesteban nos desviamos a la izquierda por un camino abandonado muy divertido, un sube-baja con muchos vadeos de riachuelos. Hasta que
se fue cerrando en una braña cubierta de helechos, donde nos tuvimos que buscar la vida, acabamos entrando en el bosque sin tener un camino claro para seguir. Fuimos bajando intentando encontrar el rio para seguirlo y encontrar la pista de los Llares, pero no fue tan fácil, cuando encontrabamos algo parecido a marcas se acababan unos metros más alante. Era un poco desesperante no encontrar nada claro, y ver como pasaba el tiempo sin saber donde estabamos. Al final después de meditar y discutir cual seria el mejor camino, decidimos dar la vuelta para seguir el rio. Y por suerte acertamos, después de haber entrado dos horas antes en el camino conseguimos salir en la pista de los Llares.
En los Llares nos separamos, Paco, Yayón, Oscar, Marce y Angel se fueron para Corrales y yo me fui a el Moral para bajar a Cabezón. Me tomé la subida con calma, ya llevaba muchas horas desde que salí de casa y no queria una pajara a media subida. Al pasar por el merendero volvío a aparecer la niebla y un poco más arriba ya no se veia nada. Pasé por el cruce de Villasuso sin verlo, y un poco más arriba me crucé con un coche que creo que ni me vio pasar. En el cruce de Todiás cojo la bajada y voy con mucho cuidado, creo que nunca habia bajado el Moral tan despacio. Hasta que no entré el bosque la niebla no se empezó a abrir y me permitió empezar a soltar los frenos y coger algo de velocidad. Ya en la carretera de la Casa del Monte iba pensando en llegar a casa, la primera curva cerrada de izquierdas la tomo con cuidado, la carretera estaba mojada y ya me habia caido allí. Con lo que no contaba era con otra curva un poco más alante, ni siquiera era muy cerrada ni cuesta abajo, pero se me fue la rueda delantera y no pude hacer nada. Fue una sensación rara porque ví como se giraba la rueda y al momento estaba resbalando por el suelo, aunque antes de dejar de deslizar ya estaba apoyad con los pies y una mano. Cuando me levante miré a ver que tenia y ni siquiera se habia roto el culotte, luego fui a por la bici y tambien estaba en perfecto estado, así que seguí lo poco que me quedaba hasta casa con tranquilidad y con mucha precaución en las curvas.

Un Saludo.
Amenizado por la música: Kaptain Bigg - Tranquile
El Centinela
Hace 21 horas
1 comentarios:
espero que la caida no fuera nada.
ya tenia ganas d leer tus rutas y en este caso compartirla
Las fotos d niebla en el bosque tiene algo especial ehhh!!
saludos
Publicar un comentario en la entrada
Publicar un comentario en la entrada