¡Y salió el Sol! Hace una semana no se podía subir a más de 500 metros de altitud por la nevada que había y en cambio esta semana nos a salido un día de invierno de los que se pueden llamar perfectos. Sí hacia frío y había que ir abrigado pero brillaba el Sol y las vistas fueron espectaculares, desde la Bahía de Santander a los Picos Nevados que nos separan de la Meseta.
Este sábado nos acercamos a ciclar por los Valles Pasiegos, bastante desconocidos para nosotros, en una ruta del club de Cabuérniga, aunque del club sólo fuimos 5 y gracias que nos acompañaron Gabri, co-guía junto con Biby, y un par de bikers que aparecieron por allí ( Alfonso y José) hicimos una grupeta un poco curiosa.
Salimos de Sarón sobre las 9:30. Dimos una vuelta por la mies para calentar un poco las piernas y no tener que empezar con las rampas duras que nos había preparado Biby. Charlando nos hicimos los primeros 9 kilómetros sin darnos ni cuenta. Al final nos tuvimos que encontrar con las primeras rampas, aunque antes aprovechando que pasábamos por el Arenal, bonito pueblo, paramos a coger agua. Ya listos nos lanzamos a por la cuesta, que nada más comenzarla nos hizo meter el plato chico y nos obligó a dejar de charlar. El primer tramo de pista duró poco. En el primer cruce nos desviamos por un camino de barro, la pendiente no tenia nada que ver con lo anterior pero el barro tampoco nos dejo ir mucho más rápido. Pasando un par de resbalosos repechos conseguimos llegar al primer alto, que enseguida dejamos por una bajada corta y rápida para volver a coger un tramo de camino embarrado. El camino fue muy divertido y nos permitió ver todos los picos de Sejos, desde una nueva perspectiva, con una buena capa de nieve. Esta panorámica me dejo pensando en subir a Sejos al día siguiente con las raquetas para pisar la nieve, pero eso ya no es btt así que no hay fotos.
Llegamos a Esles después de otra bajada rápida entre grava y asfalto. Paramos para reponer los bidones y comer algo, porque el guia nos empezó a meter el miedo en el cuerpo con lo que teníamos delante. Salimos de Esles y nos encontramos con un rampón tremendo, yo intenté subirlo pero la pista, que era nueva, todavía no estaba muy pisada y la grava se hundía y acabé dando la vuelta para subir por una cambera asfaltada, que no menos pindia. Aunque hubo diferencia de opiniones y algún valiente tiró para arriba por la pista, nos dividimos en dos grupos para llegar al mismo sitio, una bajada por carretera que nos llevaría hasta el pueblo de Llerana donde nos desviaríamos a Coterillo para comenzar a subir la Estrangulada. Menudo puerto que nos tocó subir. Son 4 kilómetros pero de platillo chico desde el primero hasta el último. La pendiente no baja del 10% y en más de un sitio supera los 20%. Poco a poco y curva a curva fuimos subiendo hasta llegar al alto del puerto, donde nos agrupamos y nos sacamos una foto con Lunada al fondo.
Desde el alto continuamos subiendo, sí todavía se podía subir más. Aunque ahora ya ibamos por pista no duró mucho. En un cruce nos metimos en una pista de barro, que con todo lo que había caído este invierno estaba impracticable. Intentamos subir varios repechos pero no hubo forma, las ruedas traseras patinaban tanto que a veces te quedabas mirando para abajo. Además los pedales ya no se desenganchaban con facilidad debido al barro y creo que nadie se libro de las clásicas caídas de en parado. Lo único bueno es que caías en blando.
Al fin llegamos a los Pozos de Noja. La verdad es que estaba precioso, daba la sensación de que el Cantábrico llegaba al pie de la montaña. Aprovechamos el lago para limpiar las trasmisiones, que la cadena ya crujía bastante, y seguimos con la ruta. Como no seguimos subiendo, aunque ahora ya la mayor parte andando.
Cuando conseguimos llegar alto y todos estábamos esperando la bajada. Llegó Biby y nos dice "por aquí hay que bajar", miramos, y hay un cortafuegos de esos que en medio cogen más pendiente y no ves donde acaba. Me decido yo para ver la viabilidad de la bajada, pero hay un escalón en medio que lo complica mucho y con el suelo húmedo es arriesgar mucho. Tuve que bajarlo andando y los demás se fueron por un caminuco que bajaba al mismo sitio. Después de este tramo la pista seguía igual que laque subía al pozo, un autentico barrizal que nos hizo sacar todos nuestros reflejos para mantenernos sobre las bicis. La verdad es que fue muy divertido controlar la bici entre las roderas. Te tienes que adaptar al terreno y dejar que la bici te guíe y si quiere entrar en alguna rodera dejarla, porque al girar intentando evitarla la probabilidad de que patine de alante es bastante alta. Con mucha precaución llegamos al final de este tramo y cogimos una pista con buen firme que nos bajo hasta los Llanos, donde pudimos limpiar un poco las bicis cruzando el río. Con las bicis medio limpias cogimos la carretera y volvimos a Sarón por la carretera porque ya íbamos bastante retrasados.
Un Saludo.
Amenizado por la música: Saravacalé - Saravacalé
La flecha del tiempo
Hace 6 días

Publicar un comentario