Panes - Cicera


Como el año pasado vuelvo a rutear fuera de Cantabria por San Roque, aunque no me voy muy lejos y no dejo la Tierruca del todo para hacer una ruta fronteriza entre Asturias y Cantabria.

El sábado salí temprano, en principio la ruta era bastante larga. A las 8:15 ya estaba subiendo la primera cuesta sin calentar pero con un aire sur que hizo que abriera la cremallera del maillot entera. Hasta Suarias la subida se hace por carretera bastante cómoda, aunque empezar subiendo se nota en las piernas rápidamente se entra en calor. Nada más pasar el pueblo hay un buen repecho de hormigón bastante duro de subir y nada más pasarle una pequeña bajada que viene muy bien para recuperar el aliento porque la siguiente cuesta también era dura alternando tramos de hormigón con otros de pista sin lugar a tener un descansillo. La última vez que pasé por allí la pista acababa al llegar a un cercado para vacas y empezaba un tramo muy trialero de subida, pero ahora ya han metido una excavadora y alisado el terreno perdiendo encanto aunque no su dureza porque las rampas siguen igual de pindias. Al final llegue arriba después de empujar un par de veces la bici.

Comí una barrita, saqué unas fotos y continué con la ruta. El camino volvía a su estado natural y las piedras hicieron la pequeña bajada más divertida. Después de la bajada el camino se metía en un bonito bosque de hayas con alguna poza de barro que había que rodear. El sendero era muy divertido y alternaba pequeños tramos técnicos de subida con otros de bajada para ir manteniendo la altitud, y acabar dejandome en el puerto de las Llaves. El sendero se acabó en una braña y aproveché para comer algo mientras elegía la forma de llegar a la pista que estaba un poco más arriba. Seguí por el que parecía el camino más marcado, eso sí, subí andando al lado de la bici. Ya en la pista había que volver a subir sobre un kilómetro para llegar al collao con unas vistas impresionantes del desfiladero y la Braña de los Tejos.

La bajada es espectacular, son unos 5 kilómetros en los que bajas unos 600 metros y la mayoría esta hormigonado. Hay que tener los frenos bien puestos porque alguna recta invita a soltarlos pero hay curvas muy cerradas y no tienen escapatoria o das la curva bien o te la das. También tiene algunas eses muy divertidas en las que puedes inclinar bastante y hacer el cambio dirección muy rápido para volver a inclinar al otro lado y sin tener problemas de agarre en el hormigón, si esta seco claro. En un suspiro ya estas en el pueblo de la Roza, aquí tenia pensado coger un desvío para dar un rodeo antes de llegar a Cicera pero ya estaba más fundido de lo esperado así que baje hasta la carretera que sube hasta el Collado de Hoz y cogiendo el desvío hacia Cicera. Como tuve que cambiar el recorrido que tenia pensado y para luego no arrepentirme de que no subí suficiente decidí subir hasta el mirador de la Bolera de los Moros, que hacía mucho que no iba por allí. Empecé a subir intentando coger un buen ritmo pero pronto me dí cuenta de que no iba a ser tan fácil, iba medio apajarado y el sol me estaba dando de lleno en la espalda lo que me hizo pensar más de una vez en dar la vuelta pero al final un poco por vergüenza acabé subiendo aunque fue un kilómetro y medio muy, muy duro. Arriba comí otra barrita, y observé un poco las vistas y el sendero por el que iba a ir dentro de un rato. Bajé por la carretera hasta Cicera en un abrir y cerrar de ojos. Viendo la velocidad que se coge bajando, y eso que había coches, me explico un poco mejor que me costara tanto subir.

En Cicera aproveché para coger agua fresca, la que llevaba en la mochila parecía caldo de lo caliente que estaba. Después de rellenar el bidón y el camelbak busqué un poco de sombra para comer el bocadillo y me acerqué hasta la iglesia para sentarme tranquilamente a la sombra de la entrada. Para hacer la digestión no hay nada como una buena bajada llena de piedras. Después de acabar con el bocadillo me dirigí hacía la parte de abajo del pueblo donde empieza un sendero que baja hasta el desfiladero de la Hermida. Al principio no prometía mucho el sendero, era un camino estrecho con escombro pero al ir avanzando ya parecía otra cosa. El camino se estrechó hasta ser un sendero y el escombro de la salida del pueblo cambió por piedras y rocas. La bajada fue un sendero estrecho técnico de piedra con zonas muy técnicas, en fin una gozada para disfrutar como en pocos sitios. Sólo digo que tuve que al principio tuve que parar para bajar el sillín, cosa que muy, muy pocas veces hago pero quería disfrutarlo entero sin parar. Sólo paré una vez para sacar un par de fotos, porque la verdad que el lugar se merece una buena ruta caminando para disfrutar del paisaje sin la adrenalina de la bici. El sendero se acaba justo en la carretera muy cerca del río Navedo.

Ya en la carretera paré un poco para colocar el sillín e hinchar la rueda trasera para que no me lastrara en exceso el largo tramo que me quedaba de carretera para volver a Panes. Aquí ya estaba contento porque ya no quedaban cuestas y prácticamente todo era cuesta abajo. Empecé a bajar a buen ritmo, tuve suerte que más o menos era la hora de comer y no había mucho tráfico, aunque la hora también iba un poco en mi contra porque el Sol daba de lleno en el desfiladero y el aire, que casualmente daba de cara, estaba muy caliente dejandome la boca seca por mucho agua que bebiera. Se me hicieron larguísimos los kilómetros, creo que fueron unos 16 pero los últimos iba muerto, no hacía más que echarme el agua que me quedaba por encima y que ya no refrescaba nada de lo caliente que estaba. Al final nada más llegar a Panes cayó un chaparrón que me habría venido de lujo un rato antes.



Un Saludo.

Amenizado por la música: Westbound Train - Transitions

This entry was posted on viernes, 21 de agosto de 2009. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0. You can leave a response.