Siempre que llego arriba, al acabar esa rampa que parece como si su desnivel aumentara con cada metro y las pedaladas tardan más en pasar. Tengo una extraña sensación que hace que me olvide de lo que he sufrido subiendo, que me hace volver a subir una semana tras otra, y consigue que levante la vista para disfrutar del paisaje. Aunque ese mismo paisaje que disfruto mirando, es el que me muestra un lugar, el lugar donde fluyen juntos tierra y cielo. Siempre me ha llamado la atención ese punto. Veía esa línea lejana, inalcanzable, escurridiza, imposible acercarse. Muchas veces he intentado llegar hasta ella. He oido de valientes que se han perdido tratando de encontrarlo, pero nunca se ha sabido de nadie que haya llegado. Aunque yo estuve una vez apunto de haber llegado hasta ella.
Algunos creen que esa línea es imaginaria. Yo se que no lo es, se que esta ahí y juega con nosotros. Se acerca en esas rampas que me dejo sin aliento, cuando no puedo pedalear más. Cuando llego a la cumbre, y consigo el aliento se me ha escapado, casi la tenia al alcance de la mano. Ahora no se que hacer: vuelvo a casa ó la intento alcanzar. Decido lo segundo. Me lanzo hacia abajo buscando la próxima cuesta para empezar a subir, para acercarme a esa línea que tanto quiero encontrar.
Otra vez, la veo ahí. Ahora esta al lado de ese árbol. Pero no, llego al árbol y no esta allí, sigue en la parte de arriba, en la parte de arriba de una rampa que me esta dejando sin fuerzas. Llego al final de la subida, me cuesta recuperar más que la anterior subida, pero sigo en pie y levanto la vista. Ya está, se ha vuelto a alejar. No puedo continuar, no me quedan fuerzas para seguir buscando. Ahora toca volver a casa, pensar en un nuevo camino que me acerque hasta mi meta e intentarlo la próxima semana.
Quizá sea un día de esos que al levantarme me den ganas quedarme en la cama, esta nublado y seguramente vaya a llover. Pero no me importa, quiero llegar hasta ese lugar donde empieza todo. Me mentalizo para volver a intentarlo, llegaré a la línea, no se va a escapar, y salgo decidido. Es un día triste y no me cruzo con ningún compañero. Empiezo a subir, no tengo las buenas sensaciones de un día soleado, además la niebla me va cerrando el camino según voy avanzando. Pero ¿qué pasa? extrañado al ver que hoy esta más cerca. Aumento mi ritmo inconscientemente, puede que lo consiga, llegar a la línea, no lo habría imaginado al salir esta mañana. Al llegar arriba estoy nervioso, levanto la vista sin esperar a recuperarme de una subida rápida. Hoy no estan las vistas que tanto disfruto en los dias despejados. Pero esta ahí, es la línea que había estado buscando, sólo la tengo a 20 metros, pero no puedo llegar, se escapa cada vez que yo avanzo. No tengo otra opción, asi que decido dar la vuelta, para intentarlo la semana que viene, aunque hoy estuve a 20 metros del horizonte.
DeMevius
Un Saludo.
Amenizado por la música: The Hot 8 Brass Band - Rock with the Hot 8


One Response to “A 20 metros del horizonte.”
¡Genial, amigo! la búsqueda de la línea del horizonte, ¿de la felicidad? ¿O es la huída de la realidad, de lo vulgar, de lo anodino, lo que nos lleva hacia ese horizonte utópico?
A mí me pasa con el arco iris. Siempre quise ir a donde nace y traspasarlo, pero nunca llega, siempre se aleja. Pero no hay que desistir, las utopías están ahí para que no se realicen nunca; y si se logran, inventaremos otras nuevas.
Magnífico tu comentario.
Abaika.
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